sábado, 21 de febrero de 2009

El drama de un hijo único (mdphoy.com)

Este domingo se presenta por última vez en la temporada Crudo, obra teatral de Mariela Asensio y José María Muscari. Crudo desnuda al artista en una puesta pop y confesional. Por Gisele Cebrian.

Valoración:*****




Se despide. Este domingo termina Crudo, la obra sobre José María Muscari que interpreta el mismo José María Muscari.


Crudo es un tributo a mi relación con Mariela Asensio, a mí mismo, a mis obsesiones y deseos. Crudo es lo que pienso del teatro en términos concretos, pragmáticos y poéticos”. Así define la obra su coautor y protagonista. Egocéntrico y genial, José María Muscari (32), Josecito, para los íntimos, el hijo único de una familia trabajadora que lo ama y admira, está desnudo, crudamente desnudo.

Se presentó esta temporada los domingos a las 22:30 en la Bodega del Teatro Auditórium, donde este domingo ofrecerá su última función, acompañado de las graciosas y serviles Soledad Cagnoni, Mariana Plenazio, María Soledad Tuchi y Mariela Asensio, quien se ocupa también de la ambientación musical y la dirección.

Entender sentido último de Crudo es comprender el producto como parte de una vida, que necesita ser expuesta sobre el mantel para ser tal. Ese sentido se completa con las declaraciones de José María en su blog, donde usa el mismo tono que en sus monólogos:

“Esta semana comienzo terapia, quiero mejorar, superar y trascender las circunstancias, como dice Mariela. Ser mejor persona. Mejor amigo. No ofuscarme y aceptar las cosas. Etc, etc, etc, etc. .....................................
Necesito hacerme cargo de mi luz.
A la vuelta cansado y descorazonado, me senté en el cole con Mariela, nunca hablamos mucho, no se porque, en un momento ella me mostró la luna y me dijo cosas buenas, que me hicieron pensar y reflexionar. La quiero. Me cuesta un poco acercarme a ella. Es un vinculo que crecerá, lo se.
Gracias amigos. CRUDOS. Por ser crudos y por su amor. Por permitirme verme y ayudarme a mejorar. Necesito que alguien me ame no estoy jodiendo”.

Hábitos, frivolidades, miedos, todo es expuesto en el mismo tono personal y apelativo, que informa al tiempo que impele. El detalle de presentar sus alegrías y tristezas (más de las últimas) es, a la vez, un ejercicio catártico desenfrenado, un pedido de ayuda y de aceptación. “Lo digo en serio, no estoy jodiendo” es una de las sentencias que conmina al espectador a volver a examinar ese implícito pacto que lo une al personaje en el acto teatral. Como todo espectáculo con el sello Muscari.

Ya no se puede hablar de una puesta transgresora, pero sí de la firmeza de un estilo. Asensio heredó la marca de Muscari, con quien trabaja hace largo rato. La directora de Mujeres en el baño plantea una escena pop, cambiante, que rompe la famosa cuarta pared hasta estimular todos los sentidos del espectador: música (dj Asensio), imágenes, bebida, comida, olores.

Muscari habla mientras camina en su cinta de gimnasio, habla mientras cocina un omelette entre el público, habla mientras se cambia el vestuario, mientras comparte fotos y videos de su vida, mientras revisa su correo en una pantalla gigante y mientras traslada a su audiencia a las escaleras de acceso a la Bodega hasta alcanzar señal para hablar por teléfono en vivo con sus padres.

Cuenta que es adicto al e-mail y al Facebook, pero que jamás chatea, que está replanteándose el significado de la palabra “éxito” en vista de recientes acontecimientos, y que hace poco vio una rata en la casa de sus padres y no les dijo nada. Habla de una soledad que es universal y de lo feliz que es con su novio músico. Y cuenta que quiere adoptar dos hijos. No uno, sino dos. A nadie desea el sufrimiento de ser hijo único. No hay más que ver la obra para entender tal drama.

“¿Cómo puede ser que nadie esté seduciéndome, estando yo tan lindo?”, dice antes de bailar, de escenificar sus hábitos en las discotecas, todo con una delicada selección de música pop (Coiffeur, Dani Umpi, Lisandro Aristimuño, Gaby Fex, Justin Timberlake).

Lucha por no ser obeso como el padre, un miedo que lo angustia y lo obliga a cuidarse de por vida, y espera -y trabaja por- convertirse en un musculoso turgente que todos envidien, ya que no saca de su memoria una foto mental: en la playa y con remera, siempre, so pretexto de padecer una enfermedad cutánea, pero en verdad, a causa de la flacidez de sus pechos.

Por todo lo anterior, Crudo podría entenderse como una obra decididamente pensada para fanáticos del protagonista (tiene sus fieles y son muchos, cada vez más) pero sin mucho más para ofrecer a los espectadores desprevenidos. A éstos, poco puede importar la intimidad de José María Muscari, pero ¿qué hay de esa pobreza universal del sexo ocasional, de la ingesta -y/o inyección- de hormonas, complejos dietarios y demás para verse diferente, del grito de “necesito que me amen”?

El actor y director logró cumplir este año un sueño tan perseguido como insertarse en la avenida Corrientes, de Buenos Aires, con En la cama y Cash, con elencos de consagrados actores, y que prepara Julio César, obra que la tendrá a Moria Casán encarnando el rol del emperador romano. Es el creador de insoslayables del off como -entre otras- Desangradas en glamour, Shangay, Pornografía emocional, Mujeres de carne podrida, Catch y Electra-shock, algunas de las cuales pasaron por Mar del Plata.

Muscari es un creador. De los que no cesan de escribir, ni de soñar, de los que no temen a los desafíos pero necesitan un grupo soporte que lo siga y reafirme para no caer. Es un héroe de la contradicción y Asensio lo supo ver. De los que sufren por aquello que tanto aman: los padres, los amigos, las relaciones estables, la imagen, la adicción, el éxito.

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