jueves, 23 de octubre de 2008

critica de crudo, desde diario de RIO NEGRO


nota publicada en La Mañana de Roca el sábado 18 de octubre.

El diario íntimo de un artista

«Crudo», una ácida mirada de José María Muscari sobre su vida.

La obra pasó por Casa de la Cultura con una novedosa estética que incluyó la improvisación, la autobiografía y el uso de recursos multimediales.

A «Josecito» lo conocemos en todas sus facetas. Desde sus fotos de bebé, su paso por la escuela, sus aventuras de juventud con largos rulos, sus viajes al mar. A través de los relatos de José y Cuqui, sus padres, sobre ese hijo único que resiste esa condición y que eligió el teatro desde siempre. En su relación conflictiva con la soledad, el encuentro con Juampi, su actual pareja, y una orientación sexual que no debe interferir en su deseo de tener hijos. Y en su vida cotidiana, su pequeño departamento, su paso por el gimnasio buscando el cuerpo perfecto, su vida dedicada a la creación de fantásticos textos y actuaciones que dejan su huella allá donde pasan.
«Esto no es ficción, esto es inclasificable», reza el blog de «Crudo», la obra teatral de José María Muscari, autor, director, actor, que el jueves se presentó en Casa de la Cultura.
Sin duda que es así. «Crudo» es el resultado de dos miradas sobre la persona de «Josecito» Muscari. La propia. Y la ajena, de la directora y también responsable de la dramaturgia, Mariela Asensio. Es el paso, sin anestesia, por la risa, la ironía, la emoción, la tristeza y la nostalgia.

La historia
Es un relato absolutamente autobiográfico, con una mirada sensible y reflexiva sobre la vida de un artista, y a la vez, fuente constante de la improvisación. Así, un llamado que Muscari hace por celular a sus padres en plena función, permite al público ser parte de la conversación familiar, del intercambio de novedades cotidianas, como el sándwich de churrasco que en ese momento está comiendo su papá, mientras mira una exitosa tira que emite Canal 13 todas las noches. O saber que el día anterior a llegar a Roca, el artista estuvo almorzando con Mirtha Legrand y se privó de comer todo el plato de lomo por temor a que la diva de la televisión le hiciera una pregunta y lo encontrara con la boca llena.
O también ser testigo, cerca del fin de la obra, de las sensaciones sobre la función que Muscari despliega a través de una pantalla gigante donde desde una computadora escribe que la tecnología le jugó una mala pasada con el teléfono que no quería funcionar y el sonido de una radio que se entrometió en la sala lo dispersó.

Multimedia
La improvisación se expresa también a través de una escenografía despojada, con escasos elementos fijos: una computadora, un equipo de sonido, un perchero, la pantalla por la que desfilan textos, videos familiares y personales, fotos, videoclips, en toda una explosión de sonidos y colores que incluyen hasta una planilla de Excel donde el protagonista resume las cuentas del mes.
Otros elementos, en cambio, se van sucediendo: una bicicleta fija, un anafe donde se cocinan huevos en plena función, y un vestuario con botas blancas, muchos brillos, ropa interior, equipo de gimnasia y coloridos vestuarios de las tres eficientes «asistentes- actrices», que ponen música, manejan la computadora, alcanzan a Muscari el micrófono, cantan y bailan, en una puesta donde el canto y el baile tienen un papel destacado.
Lo que dejó la función
En la calurosa tarde de ayer, en ojotas desde un cyber de Cipolletti, Muscari reflexionó sobre su paso por Roca desde el blog de «Crudo». «Fue una función rara... como fría, yo estaba raro, el público con muchas ganas, pero algo no terminó de acontecer de mi parte...» Sensaciones propias que no hicieron mella en el disfrute del público.
Anoche, la historia era otra. «Crudo» se presentaba en Cipolletti, otras eran seguramente las anécdotas del día de los padres de Muscari y otras las sensaciones sobre la puesta en escena, que cada día, va mutando.


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